sábado, 28 de noviembre de 2009

cara o cruz

Cuando salió de casa una tarde para ir a trabajar a la oficina, lo hizo ensimismado en la rutina de otro día cualquiera. Atravesando las mismas calles, reconociendo varias de las caras que su cruzaban con él, nada le hacía suponer que aquel iba a ser un día diferente.

Apenas había llegado al final de un paso de cebra cuando sus ojos se clavaron en un objeto que brillaba en el suelo. Se trataba de una antigua moneda, que si no había sido acuñada en plata, estaba hecha de un material que lo simulaba perfectamente. Le pareció algo digno de encontrar y no dudó un instante en convertir la moneda en su nuevo amuleto. Continuó su camino al videoclub y la iba observando entre sus manos cuando se dio cuenta. Tenía la misma imagen grabada por ambos lados. En concreto, el rostro de una mujer cuyo peinado, así como la parte del vestido que se le veía, la situaban en un momento lejano en el tiempo. Podría tratarse de una dama elegante y pudiente, quizás una reina o una princesa del siglo diecisiete. Pero lo verdaderamente llamativo es que la mujer, que no estaba de perfil sino de frente, aparecía en la moneda guiándole un ojo. Cuando se cercioró de que no se trataba de una mala pasada que le había jugado la vista, y que la imagen se repetía en ambas caras de la moneda, la apretó con fuerza en el interior de su puño, consciente del hallazgo que acababa de producirse.

La inspirada ocurrencia de alguien que se había tomando la molestia de fabricarse una moneda de dos caras iguales se le antojó una idea sublime. No habría sorteo a cara o cruz que pudiese perder el poseedor del pequeño tesoro, cómplice de la arcaica mujer que, si te fijabas bien, te estaba guiñando un ojo. Y si aquello no era efectivo, porque el engaño resultaba descubierto, resultaría sin duda una broma original y divertida. Entonces, se le ocurrió poner en práctica aquella artimaña consigo mismo, como haciéndose una idea de lo que podía llegar a ser con la gente. Ingenuamente, se imaginó ante su jefe, proponiéndole el siguiente trato. “Si sale cara”, pensó, “hoy la oficina no abre por la tarde” y lanzó la moneda al aire. Por supuesto, jamás se imaginó ni por un momento que, aquella tarde, iba a encontrarse cerrada la oficina cuando llegó hasta ella.

Lo cierto es que su primera reacción fue la de pensar que habría ocurrido algo, pero sin relacionarlo para nada con la moneda. Algo le habría surgido a su jefe para no encontrarse ya en el trabajo, como acostumbraba a hacer. Solía llegar un poco antes de la hora oficial para planificar la jornada. Así que le llamó para preguntarle y efectivamente éste le explicó que no podría abrir aquella tarde. Una hermana suya había dado a luz prematuramente, de forma que no podía acercarle las llaves porque estaba ya en el hospital. Sólo al cabo de un rato, él recordó la moneda y la sacó del bolsillo. La mujer tallada le miraba cómplice y misteriosamente con uno de sus ojos cerrados. Aquello no era posible.

Nervioso, decidió hacer de nuevo la prueba. Una chica de unos treinta y pocos años de edad apareció al final de la calle, caminando en dirección hacia él. Se intuía una joven bella y atractiva desde lejos, y cuando sus pasos redujeron la distancia, la nueva perspectiva terminó por confirmarlo. “Si sale cara, ella se parará a pedirme fuego y acabaremos yendo a tomarnos un café para conocernos”. Eso fue lo que se propuso así mismo y, otra vez, lanzó la moneda al aire.

La joven pasó a su lado, y quizás por sentirte descaradamente observada, le sonrió. Sin embargo, eso fue lo único que hizo, a parte de continuar su camino. Él contempló como desaparecía entre personas y coches, y su enorme ingenuidad le resultó insoportable. Volvió a fijarse en la moneda: la mujer seguía guiñando el ojo. Esta vez, no le brindaba complicidad sino ironía. Se estaba burlando de él por haber creído por un momento que quizás, aquella suerte de poder mágico había existido. Como un niño que deja de creer en los Reyes Magos, algo en su interior se estremeció y decidió tirar la moneda de nuevo al suelo.

Dicen que la misma moneda deambula, todavía hoy, entre las manos de la personas por breves periodos de tiempo.

2 comentarios:

  1. todavía no preguntaré, pero quiero saber quien eres

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  2. Me alegro de que te guste ; ) También me gusta este relato, el final es original.

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